13 años
Hay historias de amor que empiezan con un beso. Otras, con una mirada. La nuestra empezó diferente.
Nos conocimos una primera vez, aunque ninguno de los dos imaginó que aquel encuentro terminaría llevándonos hasta aquí.
Fue en la universidad, en un estacionamiento. Nuestra amiga Laura nos presentó, sin saber que estaba cruzando nuestros caminos para siempre. Gracias, Laura.
Después vino Messenger. Sí, Messenger. Ese fósil de las conversaciones digitales que alguna vez fue lo más normal del mundo.
Nos dijimos “hola”. Y ya.
No hubo una gran conversación. No hubo una cita inmediatamente después. No hubo música, fuegos artificiales, ni nada de lo que uno imagina en las historias de amor.
Ninguna señal evidente de que acabábamos de conocer a la persona con la que algún día nos uniríamos.
La vida siguió.